Los olores más raros del mundo: petricor, bibliosmia y la flor cadáver

Los olores más extraños y fascinantes del mundo: curiosidades olfativas que te sorprenderán - BENDIS

Más allá de los perfumes y los ambientadores hay un catálogo olfativo mucho más raro: olores con nombre propio, flores que huelen a cadáver y aromas que nadie puede comprar. Un repaso a los más curiosos.

Petricor: el olor de la lluvia sobre tierra seca

Ese olor que aparece con las primeras gotas después de semanas de calor tiene nombre: petricor. Se debe a una mezcla de aceites vegetales que se acumulan en el suelo y, sobre todo, a la geosmina, un compuesto producido por bacterias del suelo del género Streptomyces.

Lo llamativo es la sensibilidad: el olfato humano detecta la geosmina en concentraciones extremadamente bajas, del orden de partes por billón. Es el mismo compuesto que da el sabor a tierra a la remolacha y el que estropea un agua o un vino cuando aparece donde no debe.

El olor del espacio

Los astronautas que han hecho paseos espaciales describen un olor característico en los trajes al volver a la esclusa: algo entre metal caliente, ozono y humo de soldadura. La explicación más citada apunta a reacciones de oxidación al reintroducir el equipo en un ambiente con oxígeno. No es un olor que se pueda comprar en ningún sitio.

Bibliosmia: el olor de los libros viejos

Cálido, con un fondo avainillado y a papel. Viene de la degradación química del papel y sus componentes — la lignina entre ellos — que va liberando compuestos como el benzaldehído, el furfural y la vainillina. Literalmente, el olor del paso del tiempo sobre un objeto.

La flor que huele a carroña

La Amorphophallus titanum, o flor cadáver, produce probablemente el peor olor del reino vegetal: carne en descomposición con matices de queso rancio. No es un accidente: imita el olor de un animal muerto para atraer a los insectos carroñeros que la polinizan. Florece muy de tarde en tarde y unos pocos días, y cuando ocurre se forman colas en los jardines botánicos para olerla.

El olor a dinero

Los billetes tienen un olor reconocible que sale de la combinación de tintas, el papel de algodón y lino, y el rastro de miles de manos. Encontrarás artículos que aseguran que ese olor nos vuelve menos generosos citando experimentos de psicología; conviene tomarlo con pinzas, porque buena parte de esa literatura ha tenido problemas de replicación.

Olores imposibles, embotellados

Existe todo un nicho de perfumería dedicado a recrear olores improbables: tierra mojada, aire de montaña, coche nuevo, césped recién cortado, vinilo. Funcionan porque el olfato no distingue entre «olor bonito» y «olor con historia»: cualquier olor asociado a un recuerdo intenso vale.

Y esto qué tiene que ver con aromatizar un espacio

Más de lo que parece. Todos estos ejemplos apuntan a lo mismo: lo que hace memorable un olor no es que sea agradable, sino que sea reconocible y constante. Un aroma repetido en el mismo sitio acaba significando ese sitio.

Puedes ver la gama en el catálogo de fragancias, o leer cómo funciona todo esto por dentro en cómo funciona el olfato.